La Responsabilidad Social Corporativa y la rentabilidad

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John Markoff (NYT) - Palo Alto, escribió un artículo que el pasado 27/04/2008 publicó El País: Cuando el fin social prima sobre la rentabilidad.

Markoff nos habla de un nuevo estilo de organización tecnológica “híbrida” que intenta definir una vía entre la filantropía y las tradicionales empresas lucrativas…

Se suelen definir como “empresas sociales”, porque persiguen fines sociales en lugar de rentabilidad. Pero al contrario que la mayoría de los grupos sin ánimo de lucro, estas organizaciones generan una fuente sostenible de ingresos y no viven de la filantropía. Las ganancias se retienen y se invierten en lugar de ser distribuidas entre los accionistas. Las nuevas empresas, como hicieron miles de pequeñas compañías en Silicon Valley antes, suelen empezar como pequeños grupos de personas muy motivadas con la meta de construir un producto o servicio.

Según James Fruchterman, presidente de Benetech, una incubadora sin ánimo de lucro basada en Palo Alto. “Muchas de estas iniciativas pueden dar dinero. Lo que pasa es que nunca darán lo bastante como para ofrecer las tasas de rentabilidad del capital de riesgo”. “Durante muchas décadas, teníamos organizaciones no lucrativas que pensaban que las empresas eran malignas y la sostenibilidad, irrelevante”, recuerda Debra Dunn, profesora adjunta en el Hasso Plattner Institute of Design de la Universidad de Stanford en California…

El 28 de julio de 2003, desde San Francisco, Francis Pisani escribía… La economía de la dádiva en Silicon Valley… Aquello que para hacerse rico en Silicon Valley, había que ser capaz de regalar.

> Leer La economía de la dádiva en Silicon Valley

Un estudio provocador muestra que los capitalistas de riesgo se comportan como las tribus de Melanesia y que una parte esencial de sus relaciones descansa sobre la dádiva. Este funcionamiento muy particular explica en parte por qué a los europeos les cuesta establecerse en la zona.

Michel Ferrary, profesor de administración de empresas y autor del estudio que será publicado en la California Management Review, parte del papel esencial de los capitalistas de riesgo, esas sociedades que reciben dinero de instituciones como bancos, grandes corporaciones o universidades para invertirlo en la creación de empresas. El arte radica en reducir los riesgos.

Tanto en el caso del análisis de mercado sobre el cual una nueva sociedad se lanza, como en el de las tecnologías que usa o de su equipo de dirección, la evaluación de los capitalistas de riesgo depende de información difícilmente comercializable. Para obtenerla, utilizan sus redes personales de relaciones y amistades. Y para empezar, como lo explica Ferrary en un estudio anterior, sólo consideran “los proyectos recomendados por una persona considerada fiable por ellos (abogados, profesores universitarios…).” Resulta ser la manera más eficiente y más rápida de seleccionar entre tantas demandas.

John Doerr, uno de los capitalistas de riesgo más famosos explica: “nunca estudio un proyecto que no me haya sido altamente recomendado por alguien cuyo juicio respeto. […] Recibo más de 200 proyectos al mes, casi 2500 al año mientras efectúo apenas una decena de inversiones en el mismo período. No tengo materialmente tiempo suficiente para analizarlos.”

Quienes hacen dichas recomendaciones se cuidan mucho porque su reputación está en juego. El papel de las redes sociales no se detiene ahí. Resulta difícil vender una información sobre el alcoholismo o la falta de honestidad de un dirigente empresarial, pero se puede fácilmente comunicar de manera informal durante una comida o después de un partido de tenis. En su búsqueda de informaciones que les permitan evaluar el verdadero valor de una propuesta, de esos detalles que nunca aparecen en los informes pero que son esenciales para juzgar individuos, tecnologías o mercados, las redes sociales aparecen como “un modo de difusión de la información y del acceso a los recursos más eficiente que el mercado” escribió Ferrary.

A la inversa de lo que pasa con los intercambios meramente mercantiles, la “dádiva”, explica Ferrary, “no se traduce por una compensación inmediata, sino por una compensación diferida cuya naturaleza no es formalizada, el contrato es implícito e incierto.” La lógica estudiada por el sociólogo Marcel Mauss con los melanesios se aplica a los capitalistas de riesgo que no cuantifican el valor de la información que piden y no dicen cuándo darán un favor correspondiente, pero siempre terminan invitando a quienes los han ayudado a participar en el lanzamiento de una buena empresa, en el consejo de dirección de otra, etc. Y funciona porque cualquier persona que no respete los compromisos adquiridos sería rápidamente marginada.

“En Silicon Valley, las informaciones intercambiadas soportan una gran incertidumbre, [lo cual] lleva a los actores económicos a socializar el intercambio económico.” De ahí la importancia de las redes personales en Silicon Valley, ya que “para estabilizar a las redes socio-económicas, los individuos tienen que ser interdependientes y disponer de recursos complementarios.”

El análisis de Ferrary permite que los extranjeros entiendan por qué les resulta particularmente difícil establecerse en Silicon Valley. Quienes llegan tienen pocos recursos a intercambiar, a menos que pasen por las redes étnicas eixistentes y poderosas como lo son en particular la china, la india y la mexicana.

Podemos agregar que el análisis de Ferrary permite entender algunas dimensiones particularmente sorprendentes de la cultura empresarial de Silicon Valley, la de “coopetición” por ejemplo, esa competencia que no excluye la cooperación, un modelo frecuentemente considerado como el más adecuado para la era de la información.

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